sábado, 22 de agosto de 2009

Azar

Un mazo de 40 cartas. Un par de cervezas con sabor a palabras vagas. Una noche como cualquier otra. "¿Querés que te enseñe a jugar un juego?", te pregunté, y antes de que me respondieras me dispuse a repartir las cartas, la mitad para cada uno. Abriste grande esos ojos verdes oliváceos tuyos y me preguntaste de qué se trataba. "Hay que ser rápido", te conteste, y con ejemplos te lo fui demostrando, ganándote una partida tras otra, jactándome de mi experiencia y velocidad. Mientras tanto las horas se apilaban sobre la mesa, entre carta y carta, entre risas y miradas cómplices, hasta que por fin te rendiste. "Imposible ganarte" balbuceaste indignado, y yo sonreí presuntuosa, orgullosa de mí misma porque, claro, ya lo sabía.

Decidimos repetir nuestras noches de ocio, de lunes, miércoles y jueves, cada vez más seguido. Mientras toda la gente cuerda descansaba en paz, nosotros dos nos desvelabamos presos de esas cartas, incondicionales a mezclarlas, apilarlas, intercambiarlas y volverlas a mezclar. La primera vez que me ganaste, la recuerdo bien, te felicité irónicamente con algo así como un "Muy bien, estás aprendiendo", y no me preocupé demasiado. Pero después me volviste a ganar, y otra vez, y otra vez más, cinco, seis, siete y cincuenta veces. Fue en ese entonces cuando decidí que ese juego estaba dejando de divertirme, pero me había vuelto tan asquerosamente adicta, que aunque quise e intente alejarme, no pude liberarme del azar.

Un mazo de 40 cartas. Un par de cervezas con sabor a palabras vagas. Una noche como cualquier otra. "¿Querés que te enseñe a jugar un juego?" te pregunté, y ese fue el comienzo del fin. El fin de mi orgullo, de mi entereza, de mi convicción, de mi perfecto equilibrio, de mi astucia, de mi racionalidad y de mi escudo de oro. Lo quebraste, lo hiciste mil pedazos. Descubriste mis estrategias, y las usaste en mi contra. Te aprendiste de memoria mis movimientos, y te anticipaste. Me rindo, me ganaste por afano. Planto bandera blanca, suelto mi espada y quemo mi estandarte. Abandono el campo de batalla. Yo me quedé con todas las cartas en la mano, y vos te quedaste conmigo. Pero no perdí, gané.

"¿Querés que te enseñe a jugar un juego?". Sí, la respuesta es sí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

say something!


Lo que no se dice se enquista, en el cuerpo y en el alma. Soltalo acá :)