Cansada ya de vagar por las oscuras calles del incociente, con su frágil corazón pendiendo de un hilo, y un grito añejo en la garganta que se rehusa a ser libre, extiende sus brazos y sin pensarlo dos veces se deja caer al vacío incierto. ¿Podría ser eso peor que caminar de puntas de pie sobre la fina ambivalencia entre la realidad y la locura inminente?
y las miles de palabras que te devoraste te inundaron y rebalsaron sin avisar...
esta noche vas a llorar mucho.
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