jueves, 21 de enero de 2010
.nunca se es lo suficientemente grande para algunas cosas.
Jugaste a ser grande. Solías pintarte los labios de rojo, y ponerte zapatos altos. Saliste por las noches a escondidas, fumaste y bebiste hasta terminar rota en el baño de un bar. Después te conseguiste un marido y jugaste a ser mamá. Buscaste un trabajo, y te hiciste cargo de las cuentas. Te dijiste madura, hecha y derecha, hasta le diste sabios consejos a tu propia madre. Los años pasaron, y supiste seguir adelante, siempre con optimismo y con ganas de seguir creciendo. Nunca lloraste, ni tuviste miedo, incluso tuviste el coraje de mirarlo a los ojos y decirle que era un hijo de puta por haberlas abandonado. Nada te afectaba demasiado como para derrumbarte, y más de uno dijo envidiarte por tu facilidad para superar las bajas. Y sin embargo, ahora me das asco... Lloriqueando como una nena pequeñita, y aferrándote a un oso de peluche que en nada te ayuda. Jugaste a ser grande, y no estabas lista. ¿Por qué? ¿Por qué te obligaste a ser algo que todavía no eras?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
say something!
Lo que no se dice se enquista, en el cuerpo y en el alma. Soltalo acá :)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.