lunes, 11 de julio de 2011

XVII

La vida es como un exprimidor, y las experiencias como las naranjas: Les sacás el jugo, lo saboreás, y cuando no haya nada más que exprimir, continuás con una nueva.

¿De qué sirve quedarse con el vaso vacío, anhelando lo delicioso de lo que ya fue digerido?

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Lo que no se dice se enquista, en el cuerpo y en el alma. Soltalo acá :)