Él dice estar enamorado de Marte. Su color favorito pasó a ser el rojo, y vive con la eterna ilusión de encontrar vida allí, como algunos dicen. Además, es el planeta más parecido a su tierra natal, lo que mejor conoce y lo hace sentir seguro, como en casa. Sin embargo, frente a sus ojos, justo frente a Marte, está Júpiter; Y él lo observa, desde lejos. Júpiter se ve genial. Es considerablemente mucho más grande que Marte porque, de hecho, es el planeta más grande de todo el sistema solar, el mayor cuerpo celeste después del Sol, y su brillo le llama tanto la atención, que incluso lo supera, y le parece más bello que el de Venus. De cuando en cuando, toma su telescopio y se maravilla con los tenues anillos de Júpiter y sus más de 60 satélites.
No les voy a mentir, más de una vez se aburrió de su querido Marte. Marte es pequeño, frío y a sus dos únicos satélites ya se los conoce de memoria. En cambio Júpiter tiene tanto por explorar, es un huracán gigante que nunca para. Gira sobre su propio eje más rápido que ninguno. Cuando Marte dio una vuelta, Júpiter dio tres. Pero él jamás se atrevió a abandonar a su planeta rojo preferido, pese a que le ha congelado las entrañas casi hasta matarlo, y que le ha prometido el agua que nunca apareció. Alguna vez estuvo a punto de dejarlo, deslumbrado por la magnificencia de Júpiter, pero a mitad de camino, se arrepintió. Yo me pregunto... ¿Será que le tiene miedo a Júpiter? ¿O tendrá miedo de dejar lo único que alguna vez conoció?
Vale más Marte conocido que Júpiter sin conocer, aunque si lo pensamos de otra forma grande ande o no ande y además este gira y gira y gira. no sé si quedarme.(en Marte claro)
ResponderEliminarUn beso
Perfecta analogía. Me encanto
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