lunes, 19 de diciembre de 2011

Cherry, Bear y León.

Siempre tuve una fijación especial por ciertos animalitos; ojalá hubiesen sido animalitos domésticos, o de granja, esos deben ser de lo más tranquilos, pero claro, por ende bastante aburridos. Y no, por supuesto que no, a mí, precisamente, no me podían gustar los no problemáticos, a mí tenían que gustarme los complicados. ¿Por qué lo intrincado será lo que más me atrae? Tal vez porque no me gusta la monotonía, ni lo corriente; tampoco lo soso, lo vano, o lo cobarde. Boring! Odio las mesetas y, a quién quiero engañar, me encanta lo retorcido, lo complejo, lo raro, lo distinto y lo intrigante. Es como un mantener el cerebro ocupado, resolviendo, ocurrente, divertido, sorprendido y obnubilado todo el tiempo. Será por eso entonces (y volviendo a los animalitos), que alguna vez me enamoré de Bear. En algún punto yo quisiera que me guste lo estructurado, para alguna vez sentirme normal y tener una vida sin tantos altibajos telenovelescos (aburrida); pero se ve que mi instinto, mi intuición exacerbada, me hace decidirme con algo que viene de trasfondo. ¿Quién podría sospechar de un osito tierno a lo Winnie Pooh? Todo gordito y pachorrón, dándote su amistad incondicional, su comprensión, y sus abrazos de miel (como sus ojos). Pero por supuesto, cuando lo cree pertinente, ZAS! Saca las garras, y te causa una herida bastante profunda, dejándote una marca difícil de borrar, visible para hacerte recordar una y otra vez que pasó por tu vida y te hizo ESO (todo lo que él sabe perfectamente que me hizo). En el fondo uno es conciente de que los osos son malos, pero de una forma u otra, cae en la trampa de todas maneras; y algo parecido me está pasando ahora con León. Dicen que cuando uno se quema con leche, ve a la vaca y llora, y tal vez sea por eso que esta vez no me fío a la primera. León es como un gatito pequeño y tierno, pero gigante. Se me tira encima, me pasa la lengua por la cara, es super-hiper cariñoso, todo abrazable y peludo, pero no deja de ser un León. Ya de por sí los gatos son traicioneros, entonces ¿Qué se puede esperar de un gato enorme y que, encima, come gente?

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