lunes, 24 de septiembre de 2012

Love is what I'm waiting for.-

Se le encogieron las tripas, y trató de disimular su cara de desilusión mientras deglutía las palabras de la frase  que acababa de escuchar, una por una.

- Ah, se fue... - atinó a repetir en voz alta. "Se fue"; le seguía haciendo eco en la cabeza. "¿A dónde se habrá ido?" - se preguntó para sus adentros.
- A Panamá. - respondió como si le hubiese leído la mente. - No creo que vuelva.
Sintió el corazón latirle confundido, como si estuviese incómodo ahí dentro de su pecho, como si quisiese salir corriendo y ahogarse en un mar salado, uno que le curara todas las heridas. 


Después de otro año escolar que había volado, era incomparable la sensación de ser dueño de todo el tiempo del mundo, de sentirse libre, y poder divertirse con amigos. Sin preocupaciones, los días eran más largos, y las noches más cálidas y estrelladas. Nada importaba. Era verano, y habían estado toda la tarde en la terraza del edificio, cómo solían hacerlo por esos días. Los pájaros sobrevolaban la ciudad de los árboles, y el cielo azul se abría más límpido que nunca sobre sus cabezas adolescentes. Sus miradas se buscaban tímidas, y sus ojos decían más de los que sus bocas se animaban. Eran tan jóvenes, tan inocentes.

Se separaron del resto del grupo casi sin querer, y se sentaron en el piso de un pequeño lavadero compartido por todos los vecinos en la azotea del viejo edificio. Por aquellas épocas, solían quedarse todas las noches hablando por Internet a escondidas hasta el amanecer. Sabían más el uno del otro, de lo que cualquier otra persona podía saber sobre ellos. Así que eso hicieron, charlar y charlar, aunque personalmente era más difícil. Las horas pasaban, los cuerpos se acercaban imperceptiblemente, y las manos jugaban al azar, pero sincronizadas, las unas con las otras, mientras ellos se reían de una cosa y la otra. Los rayos estivales del sol, que tímidamente se colaban por la ventana de 3 solapas que tenían en frente, le iluminaban el pelo renegrido y el contorno de las facciones, imprimiendo en su memoria una foto de ella que jamás olvidaría.

El atardecer comenzaba a caer, y cada vez se sentía más convencido de lo que tenía que hacer. Los ojos café la delataban, pero él estaba muy nervioso como para darse cuenta. Sin embargo, necesitaba sacárselo de adentro, necesitaba que lo sepa, sentirla cerca, que lo abrace con todas sus fuerzas, como soñaba todas las noches, cuando soñaba con ella. Sintió una irrefrenable necesidad de abrir la boca y dejar que todas las palabras que todo ese tiempo se había guardado en la garganta, salieran a borbotones. "No puedo perder más tiempo" - pensó -, "se lo voy a decir".

- Amor, ¡te estuve buscando por todos lados! ¡Ah, cómo andás Max, tanto tiempo! - exclamó con una voz chillona, mientras se agarraba del brazo de su novio como una garrapata, y lo sacaba de la película vieja de su cabeza, interrumpiendo la conversación de los dos hombres.
- Todo bien Mora. Me alegra ver que están juntos y bien todavía.
- ¡Sí, obvio! Con Ru estamos viendo de irnos al Caribe estas vacaciones, ¿o no Ru?

Pero él no la estaba escuchando. En lo único que podía pensar en ese momento, es en qué hubiese pasado si... Ya habían pasado 15 años desde ese verano, desde esas charlas, desde esos besos entre borracheras tristes, y ahora ella estaba tan lejos. Quién sabe si algún día la volvería a ver.    


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