Qué me juzguen,
qué me castiguen,
qué duela...
qué arda,
qué me escueza la piel.
Qué me encierren,
y me amordacen,
ahogando mis gritos,
aturdidos,
asfixiantes,
en el fondo de la garganta,
y en el medio del pecho.
Qué me azoten y escarmiente,
qué llore, qué suplique,
qué pague la pena de sentir lo que siento,
de sentirme como me siento:
Culpable,
ingrata,
injusta,
vulnerable, y a la vez idiota;
ilusa,
con la dulce agonía del pecado
en el cuerpo,
en los labios,
en las sábanas,
deseando más,
más de vos,
más de anoche,
más de nosotros;
más, más, más,
hasta el fin de mis días...
Siempre.-
Hay cosas por las que merece ser culpable ;)
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